
Pepe Toño, luego de hacer el sermón, democratizo el discurso hacia los presentes para que intervinieran. “¿Qué les parece?”, dijo él en medio de un mudo silencio. Una señorita que estaba sentada a mi costado levantó la mano y respondió “me parece bonito”, Pepe Toño volvió a interrogar ¿Por qué? Pero ella entró en nervios (era la primera vez que participaba en el magis) y no pudo responder. Entonces el Waro levantó la mano: era la primera vez que hablaba en medio de un ritual religioso.
Dijo que Jesús no era un ingenuo. Sabía que tenía enemigos, y que los fariseos le tendían una trampa retórica. Él ingeniosamente separó el campo político del religioso para dar su acertada respuesta. A Pepe Toño no le pareció del todo acertada mi respuesta y preguntó a los asistentes si en verdad existe esa diferencia entre ambos campos. “A caso lo religioso es ajeno a lo social?”, enunció el padre. Luego intervino un joven de pelo corto y traje blanco, a quien no pude entender su respuesta, pero si su intensión, es decir, dar la razón a Pepe Toño: no existe esa separación entre lo político y lo religioso.
El Waro levantó la mano para hacer una pregunta al público asistente que participaba en el ritual magis y en vez de hablar sobre la diferencia entre lo político y lo religioso (algo común en respuestas simples), interrogó a todos, incluyendo a José Antonio: “¿Qué es lo común entre ambos campos?”, no hubo respuestas, sólo silencio y miradas suspicaces, Entonces él sentencio señalando que lo común son las relaciones de poder, luego comenzó a utilizar una serie de argumentos que había plasmado en su primer artículo escrito para una revista de estudiantes universitarios marxistas. Ojo, el Waro no era marxista, pero era jefe de práctica del curso de Introducción a la Metodología Científica donde una de sus alumnas pertenecía al Colectivo Amauta que sacaba su revista titulada “Puño y Letra”. Ahí el Waro escribió sobre la relación discursiva de poder que existe en la política y la religión.
Luego intervino otro joven de pelo largo, delgado, utilizaba lentes, en su mirada mostraba serenidad y su voz parecía de pajarillo. Dijo: “bueno yo si voy a ser ingenuo”, interesante entrada porque se oponía inteligentemente a la respuesta del Waro donde indicaba que Jesús no era nada ingenuo. El joven habló que no existe esa diferencia entre ambos campos porque Cristo hacía su propia política donde lo importante era salvar a los hombres por medio del camino hacia Dios. Como el Mesías hacía política entonces no puede existir diferencias entre lo religioso y lo político. José Antonio aprobó la intervención del amigo de voz de pajarillo y dio por terminada las intervenciones para continuar con el ritual, que fue más interesante que el coloquio sobre niños.
Sólo es necesario hacer una aclaración. Una cosa es el “campo político” y otra es la “política personal”. El joven que entró ingenuamente al ruedo de las intervenciones confundió el campo político con la política personal. Es cierto que Cristo planteó una política, es decir, una nueva forma de comprender a Dios y a los prójimos para buscar la salvación eterna. Pero fue ajeno al campo político porque de lo contrario hubiese caído ingenuamente a la trampa de los fariseos por responder políticamente sobre la importancia de pagar impuestos al César. Como se puede apreciar la respuesta de Jesús fue apolítica, ajeno al campo político, pero si tenía su política en mostrar la palabra del Padre por medio del Nuevo Evangelio. Entonces la política (apolítica) de Jesús fue dar a Dios lo que es de Dios.
Entiendo que la separación entre lo político y lo religioso es un conflictivo porque en ambos campos existen relaciones de poder. Como bien lo separó Rousseau en su texto El Contrato Social cuando habla sobre la ley divina y la ley social. Actualmente en el Perú existen discrepancia sobre el tema del aborto entre la Iglesia, el Estado y la Sociedad Civil. La interrogante que polemiza el tema en cuestión es: “¿Quién controla el cuerpo de la mujer?”, las respuestas pueden ser a) La Religión, b) El Estado, c) La mujer.
Para un sector de la Sociedad Civil, conformada en su mayoría por mujeres feministas, la Iglesia no debe intervenir en asuntos políticos y sociales, es decir, en las políticas sociales. Al igual que Cristo, la Sociedad Civil señala que la Iglesia debe dar a Dios lo que es de Dios, y proponen un Estado Laico ajeno a la influencia de la religión Católica. En cambio la Iglesia, encabezada por el cardenal Juan Luis Cipriani, señala la importancia de la religión en la sociedad para asegurar la estructura de valores en las personas. Una forma de decadencia de los valores en la sociedad son los abortos porque va en contra de la voluntad de Dios que es fuente de vida.
Como pueden apreciar ésta es la actual polémica entre lo político y religioso en el Perú, que no tiene nada de nuevo. Tenemos el caso del Mesías, quien supo responder a los fariseos con mucha elegancia, pedagogía e inteligencia. Por mi parte existen diferencias entre ambos campos, pero, sobre todo, similitud: “las relaciones de poder”. Algo que suena un poco sospechoso hacía los oídos que escuchan el mismo sermón de siempre y que muchas veces defienden de manera ingenua.
Me hace recordar al presidente Alan García cuando decía en una entrevista “en política no hay que ser ingenuos”, creo que lo mismo debe ser en el campo religioso porque de lo contrario Jesús hubiese pisado el palito de la trampa de los fariseos por no pagar impuestos.





